sábado, 3 de febrero de 2018

La vida que flota

Imagen casera
Deseaba abrir la alacena donde su madre guardaba las tardes de quererse. Las de la crema de chocolate con galletas María, las de los besos sin esperarlos, las de las canciones antiguas cantadas bajito. Aquellas tardes de dibujos pintados a medias, de cosquillas de colores, de pasteles de arcilla y abrazos no rogados. Pero para abrir la puerta necesitaba la llave. Y si estuviera con las otras, en el fondo del mar, ahora no habría quien fuera a buscarla. La miró. Reposaba como siempre que volvía del hospital. Sonrió. Sonrieron. Lo llamó sin voz y se tumbó a su lado. Entonces presintió que la llave se encontraba mucho más cerca de lo que pensaba. No haría falta bucear hasta lo hondo. Él mismo iría nadando, seguro de que en cuanto la hallase, ella se levantaría de la cama, le crecería el pelo, se pondría guapa con su escote y volvería a ser una mamá entera.

Relato con el que participo en ZENDA. En esta ocasión el tema es: #historiasdesuperación

2 comentarios:

  1. Precioso y a la vez lleno de ternura y dolor. Suerte. Me ha gustado mucho.
    Besicos muchos.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Nani. Por pasarte y por comentar.
      Un abrazo.

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